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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

De sobra es conocido que la primera línea férrea establecida en la Península Ibérica fue el tramo Barcelona-Mataró inaugurado en 1848; aunque no debemos olvidar que el trayecto cubano de 1837 de La Habana a Güines, a la sazón provincia española de ultramar, fue la opera prima del ferrocarril español.

No cabe duda que la implantación del ferrocarril en una población era motivo de júbilo para los vecinos y para la Corporación Municipal, y en Córdoba no lo fue menos. La primera línea tendida en Córdoba se realizó entre esta ciudad y la cercana Sevilla en 1859. Por aquel entonces, cada compañía ferroviaria estaba obligada a realizar su propio tendido viario y a construir las estaciones necesarias a lo largo del mismo. Así pues, la Estación Central de Córdoba fue construida por la Compañía del Ferrocarril de Córdoba a Sevilla (CS), que también era propietaria de la línea que iba hasta la capital hispalense. El 25 de abril de 1859 llegaría a Córdoba el primer tren procedente de Sevilla en fase de pruebas, entrando en servicio regular a partir del 2 de junio.

Para celebrar la llegada de la primera locomotora a vapor a Córdoba, que por cierto se llamaba “San Rafael”, las campanas de la Catedral repicaron incesantemente durante horas, hubo bailes populares en diversas calles de la ciudad y el Ayuntamiento repartió pan, potajes y monedas de un real entre los pobres. En los centros de beneficencia se repartieron comidas extraordinarias y en la Plaza del Potro se celebró un banquete costeado por la Diputación con muchos invitados ilustres. Hubo fuegos artificiales y los jardines de La Victoria se adornaron con farolillos de colores y una iluminación extraordinaria. Y todo porque Córdoba ya tenía estación de tren y se conectaba con Sevilla en ¡tan sólo cuatro horas!

Plano de Córdoba a finales del siglo XIX (imágen propiedad del Ayto. de Córdoba)

Plano de Córdoba a finales del siglo XIX (imágen propiedad del Ayto. de Córdoba)

Pero no todo fueron alegrías. Durante los seis años que duraron las obras de la línea férrea se sucedieron algunas epidemias de cólera entre los trabajadores. Hubo, además, una protesta vecinal por la ubicación de la estación, que se suponía estaba demasiado lejos de la ciudad. Incluso se protestó mucho el derribo de las históricas murallas de Córdoba en algunos de sus tramos; sin embargo, esto permitió la creación de nuevos parques y jardines en el entorno. Por ejemplo, el camino que llegaba hasta el ferrocarril desde los jardines de la Victoria, era conocido como la Carrera de la Estación, hoy Avenida de Cervantes junto a los jardines de la Agricultura convertidos en parque entre 1861 y 1866, rematando el conjunto con los jardines del Duque de Rivas en 1891.

La Estación Central no fue la única estación de Córdoba, pues años más tarde, otra empresa, la Compañía de Ferrocarriles Andaluces procedentes de Málaga y Marchena construyó una nueva estación en Cercadillas ubicada junto a la acera norte de la Avenida de América frente a la actual calle de los Omeyas, donde hoy día se alza la reciente estación del AVE. El 15 de agosto de 1865 se realizó la inauguración oficial del Ferrocarril de Córdoba a Málaga con asistencia del ministro de Fomento y otras personalidades. Más adelante se construiría un enlace ferroviario entre ambas estaciones. Ese mismo año de 1865 la Estación Central de la línea Córdoba-Sevilla también quedó enlazada con la línea férrea de la compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) que venía desde Alcázar de San Juan y que en 1875 adquirió la CS haciéndose cargo de sus instalaciones y la estación.

Viaducto de Córdoba en los años 50. Cartografía y Fotografía de Córdoba. García Verdugo, 212.

Viaducto de Córdoba en los años 50. Cartografía y Fotografía de Córdoba. García Verdugo, 212.

La llegada del ferrocarril supuso un gran impulso para la transformación de la ciudad. Alrededor de las vías se fueron estableciendo numerosas factorías y empresas, lo que catapultó el desarrollo económico de la zona. Sin embargo, la llegada del ferrocarril también supuso un grave inconveniente a Córdoba pues las vías se convirtieron en una barrera que impedía el crecimiento de la ciudad hacia la Sierra interrumpiendo la comunicación con los barrios situados al norte. No sería hasta 1920 en que la propia compañía MZA construyera el único paso elevado que tuvo Córdoba para salvar las vías, el famoso viaducto del Brillante, reformado y ampliado en 1952 aunque claramente insuficiente.

Por suerte para todos, estos hechos ya forman parte de la historia de nuestra ciudad, que hoy se halla bien comunicada gracias al tren de alta velocidad y su moderna estación.

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