Arte en Córdoba

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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Un día del mes de agosto de 1909, nacía en Córdoba María y consigo traía el arte de la saeta. De hecho, tanto éste difícil cante como su apodo los heredaría de su madre Rafaela Ruiz, más conocida como “La Talegona” y es que la abuela de la niña tenía un huerta en el Jardín del Alpargate donde sembraba algunas hortalizas que vendía por la ciudad echando las monedas que obtenía en una talega haciéndola sonar obteniendo así ese sobrenombre que pasaría de generación en generación.

Cuentan, que María era una niña de carácter introvertido y que nunca le gustaba que la gente la escuchara cantar. Sin embargo, su madre, sabedora de la prodigiosa voz de su hija la apuntó a un concurso de saetas cuando contaba con 14 años. No fue fácil convencerla pero finalmente decidió acudir convirtiéndose en la ganadora del primer premio que fue de 25 pesetas.

Desde ese primer concurso, participó en otros muchos y aunque a ella no le satisfacía la idea, lo hacía para aportar un dinero extra a su familia de condición humilde. Compaginó su trabajo como limpiadora de los cines Iris, Palacio del Cine e Isabel La Católica de la ciudad cordobesa con su gran pasión: el cante.

Al IV Concurso Nacional de Arte Flamenco celebrado en Córdoba en 1965 acudió María animada por uno de sus compañeros de trabajo y obtiene el premio “Cayetano Muriel”. A partir de este momento su vida da un giro inesperado y es que a su trabajo en los cines viene a buscarla un matrimonio de origen suizo que tenían una Compañía y deseaban que “La Talegona” cantara en una representación teatral de La Celestina. Ella accede y se marcha con ellos a Barcelona actuando en esta Compañía durante seis años recorrieron numerosas ciudades europeas siendo de gran éxito cada una de sus apariciones.

Tras esa etapa regresa a su ciudad natal donde representaría en el Alcázar de los Reyes Cristianos La Celestina y se compraría también una casa cerca de Bodegas Campos, lugar al que acudía cada vez que se lo pedían para deleitar a todos los presentes con su prodigiosa voz. Volvió también a ocupar su puesto como limpiadora de los cines hasta su jubilación.

María "La Talegona". Fuente: Google images

María «La Talegona». Fuente: Google images

Quienes conocían a María la describieron como una persona humilde, sencilla y cariñosa. Con su cante conseguía emocionarte, sobre todo durante la Semana Santa, cuando salía y cantaba esas saetas que para ella eran como si de un éxtasis espiritual se tratara ya que en alguna ocasión comentó que la Virgen le había sonreído.

Un día de febrero del año 1991, la saeta de nuestra ciudad quedó huérfana y nuestra Semana Santa ya no sería la misma puesto que “La Talegona” nos dejaba para siempre.

Manuel Espejo Jiménez, más conocido como “Churumbaque” dijo de ella que fue su maestra en los balcones y que “Ni antes ni después ha habido nada igual. Fue una fuera de serie, única con su voz penetrante”. Manuel guarda también en la memoria las noches en la Plaza del Cristo de Gracia lanzando oraciones a “El Esparraguero” que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada, de hecho, les dejó la letra que le cantó a esta Cristo presintiendo que su muerte se aceraba:

Cristo mío de mi alma

que cerquita estoy de ti.

Con mi saeta te pido

que a la hora de mi muerte,

estés cerquita de mí.

Recientemente, el 10 de octubre de este año, se le rindió homenaje junto a otras célebres cantaoras de la ciudad  en la Iglesia de La Magdalena.

Para perpetuo recuerdo de la Reina de la saeta cordobesa se le inauguró una calle en la barriada de Miralbaida.

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