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Continuamos nuestro recorrido por el Guadalquivir para seguirles hablando de los molinos harineros. Como recordarán, dejábamos cuatro en el tintero para completar las informaciones de los once que hay distribuidos por el cauce del río. En esta ocasión, vamos a tratar sobre los de Lope García y Carbonell y completaremos nuestra revisión historiográfica de estos míticos edificios en próximas entradas.

Situado a unos 5 kilómetros del centro de la ciudad, en la zona noreste y en la margen derecha del río, se encuentra el de Lope García, el cual, cuenta con una potente azuda que cruza el Guadalquivir en diagonal conduciendo todo el caudal hacia el molino. El edificio es de planta rectangular y está integrado por dos cuerpos, el primero de ellos se encuentra ubicado cerca de la orilla, mientras que el segundo, está más adentrado en la corriente y entre ellos se abre un canal aliviadero por donde discurre la corriente. Ambos molinos cuentan con una sola sala cada uno y están comunicados entre sí también desde la orilla por un paso adosado.

Las salas cuentan con gruesos muros de sillares de piedra. En la más próxima a la orilla había cinco piedras mientras que en la otra, había cabida para cuatro y los techos originales pudieron ser abovedados. Las instalaciones hidráulicas, existieron en época musulmana pues dos de los personajes que participaron en la conquista cristiana de Córdoba en 1236, el propio Lope García que dio nombre al lugar y Domingo Muñoz de Adalid, recibieron de Fernando II sendas piedras de moler. Parece ser, que Domingo Muñoz de Adalid perdió la propiedad de su parte sobre estas aceñas que donó a la iglesia en 1259, mientras que Lope García mantuvo la propiedad durante más tiempo, pasando a finales del siglo XII también a manos de la iglesia. Durante el siglo XV y hasta finales del XVI, los molinos siguieron en funcionamiento como aceñas, sin embargo, a principios del siglo XVII se producen modificaciones en las mismas y desde su arrendamiento en 1620 aparece descrito en la documentación como molino de nueve piedras, las mismas que llegaron hasta el siglo XX.

Debido a la desamortización, el molino dejó de pertenecer a la Catedral en 1855, pasando la propiedad, veintidós años más tarde al arquitecto Amadeo Rodríguez Rodríguez, quien lo recuperó como molino harinero, reconstruyendo los dos cuerpos que hoy existen. Tras el fallecimiento de su viuda, fue vendido a Eduardo Álvarez de los Ángeles, manteniéndolo en funcionamiento hasta 1918, en que se disuelve la propiedad y se vende a José Rioja Muñoz, quien lo mantuvo en funcionamiento hasta 1936 y parando su funcionamiento debido a la Guerra Civil. No es hasta 1942 cuando es adquirido por la Compañía Carbonell, pasando en 1964 a manos de Francisco Arroyo y su hijo, quienes lo vendieron a los actuales propietarios.

Molino de Lope García

Molino de Lope García

En la orilla derecha del Guadalquivir, al sureste de la ciudad y a la altura de la barriada El Santuario, encontramos la fábrica de harinas Santa Cándida, más conocida como Molino Carbonell.

Dedicado a la fabricación y venta de harinas, este molino se inserta en la tipología arquitectónica de fábrica de pisos y está conformado por dos cuerpos, el de la fábrica dispuesto en cuatro alturas y contando con un sótano, el cual se cubre con un tejado a dos aguas de tejas de cerámica. el otro cuerpo está adosado a modo de torreón y cuenta con cinco plantas, sótano y cubierta plana. El edificio en su totalidad está construido en ladrillo, enfoscado y encalado en blanco. Los vanos al exterior son alargados y están formados por arcos de medio punto, a excepción de la fachada principal, en la que los vanos se presentan de forma rectangular.

El edificio cuenta además con dos rótulos, uno rectangular sobre los huecos de la primera planta en el que se puede leer con letras de gran tamaño CARBONELL Y CA. y un segundo rótulo de trazado curvo situado en el hastial del edificio en el que se lee SANTA CÁNDIDA.

Se conserva también la azuda en dirección norte, extendiéndose a lo largo del río, aunque parte de su trazado se observa hoy en día en tierra firme, al haber sufrido un desplazamiento a la derecha el curso del río, habiendo alejado al molino de la línea del agua.

Del siglo XVI, son los restos del molino original, sobre los que se construye el molino harinero en 1834 por Juan Dios Gómez. Este molino, conocido como de San José, estaba formado por siete piedras de moler accionado por el sistema de pozo o regolfo.

En 1866, Antonio Carbonell y Llacer funda una empresa familiar dedicada a la molienda del trigo bajo su primer apellido. En 1888, su hijo y fundador de la empresa, Carlos Carbonell y Morand, compra el molino San José y establece la fábrica de harinas de Santa Cándida. Convirtió el antiguo molino en una fábrica de harinas movida por turbinas hidráulicas.

Entre los años 1896 y 1897, se realizan una serie de reformas que configuran la imagen actual del edificio, llevándose a cabo el crecimiento en altura del mismo, instalándose además dos nuevas turbinas para mover la maquinaria, una dinamo para la iluminación del conjunto y también se construyeron cuatro depósitos. En 1916 se adquirió nueva maquinaria y la fábrica continuó en funcionamiento hasta 1967.

Juntadeandalucía.es

Fuente: Juntadeandalucía.es

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