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Sin duda alguna, la revuelta anti-señorial más famosa de toda la historia de Córdoba es la que llevaron a cabo los vecinos de Fuente Obejuna en 1476, contra el comendador mayor de la Orden de Calatrava Fernán Gómez de Guzmán. Este, fue un hecho histórico y muy célebre; aunque la versión más conocida es la que transmitió Lope de Vega en su famosa obra teatral, donde tergiversó algunos datos, siempre bajo sus intereses personales como autor literario. En primer lugar, cabe señalar que los casos de violencia del campesinado contra sus señores no fueron pocos, ni se convirtieron en sucesos aislados, pues en 1371, en Paredes de Nava (Palencia) los vecinos se rebelaron contra su señor, Felipe de Castro, y le dieron muerte. Y otros casos bien estudiados, sitúan acciones similares en Sepúlveda (Segovia), Plasencia y Trujillo (Cáceres), o Andújar (Jaén) a lo largo de los siglos XIV y XV. ¿Por qué se produjeron estos hechos? Después de la Reconquista de la mayor parte de Andalucía, muchas zonas cultivables quedaron vacías por falta de personal por la expulsión de los musulmanes de las tierras recién conquistadas. Tras acuerdos posteriores, a muchos de estos musulmanes se les permitió regresar como artesanos o campesinos, hasta que la revuelta de estos “mudéjares” en los años 60 del siglo XIII, provocó su definitiva expulsión. Muchas tierras quedaron sin mano de obra y fueron dedicadas a la ganadería extensiva, dando lugar a los grandes latifundios, a veces en las proximidades de pueblos y villas. Estas grandes extensiones de tierra quedaron en poder del rey, que las fue entregando a la nobleza poco a poco, a cambio de favores políticos o económicos, convirtiendo estos lugares en señoríos. La villa y término de Fuente Obejuna fueron entregados en 1444 a Juan Ramírez de Guzmán, padre del protagonista de esta historia que la heredará más tarde. Sin embargo, el maestre de la Orden de Calatrava Pedro Girón la tomó por la fuerza un año después, a la vez que Gutierre de Sotomayor, señor de Belalcázar también mostraba su interés por dicha villa. Ante esta lucha señorial, los habitantes de Fuente Obejuna pidieron ayuda a Córdoba, que retomó el control de la villa hasta 1460, año en que fue devuelta a Pedro Girón. Por su parte Juan Ramírez de Guzmán se retiró a Zorita y se hizo fuerte en su castillo hasta que, tres años después, el rey Juan II le cedió 300 vasallos y una suma de 150.000 maravedíes, en compensación por la pérdida de Fuente Obejuna.

Representación de la obra en el Teatro de Barcelona

Fuente Obejuna se integró en el señorío de la Orden de Calatrava en 1464, y aunque no se conoce la fecha exacta de la toma de posesión de Fernán Gómez de Guzmán como comendador; se sabe que ya lo era en 1467. Desde un principio, este hombre tuvo serios conflictos con la Iglesia de Córdoba a cuenta de los diezmos que no entregaba y que usaba en beneficio propio. El obispo de Córdoba, Pedro Fernández de Córdoba y Solier, lo amenazó con la excomunión, pero Fernán Gómez se aferró a las leyes de la Orden de Calatrava, por las que los miembros de la misma sólo podían ser excomulgados por el propio Papa. Sin embargo, tomó sus propias represalias y expulsó a todos los sacerdotes del pueblo y los sustituyó por sacerdotes de la Orden de Calatrava. En esta guerra contra la Iglesia, se invadieron terrenos pertenecientes a esta, restando rentas al Cabildo, por lo que la Santa Sede tomó cartas en el asunto, declarando en 1475 la excomunión a Fernán Gómez de Guzmán, a sus sirvientes y otros miembros de su familia. Por las mismas fechas, el comendador se empeñó en tomar el castillo de Belmez, por lo que requisó dinero de los tributos y reclutó gente del pueblo; muriendo muchos de ellos en el asalto fallido a dicho castillo. Una cosa llevó a la otra y el comendador, que no era bien visto por los lugareños, se ganó la animadversión de sus gentes ante los desmanes llevados a cabo principalmente en el último año. En la noche del 22 al 23 de abril de 1476, los vecinos de Fuente Obejuna se echaron a la calle convirtiendo sus aperos de labranza en armas; asaltaron la casa del comendador y le dieron muerte en ese instante, siendo su cadáver vejado y mutilado cuando fue sacado a la calle.

Representación de la obra de Lope de Vega en Fuente Obejuna. https://cordopolis.es/

En la obra de Lope de Vega se dice que fueron los vecinos quienes cansados de las manipulaciones del comendador se unieron para acabar con su vida, pero lo cierto es que los días anteriores al suceso, hubo instigaciones en el pueblo por parte de Rodrigo Téllez de Girón y Juan de Sotomayor y Zúñiga (o Estúñiga), familias rivales en los señoríos del norte de la provincia de Córdoba. Y también el alcalde mayor de Córdoba, Alfonso de Aguilar, que envió a sus propios instigadores para levantar a la muchedumbre contra el comendador. Lo cierto es que cuando se hizo pública la noticia de la muerte de Fernán Gómez de Guzmán, nadie puso el grito en el cielo ni hubo movimientos de tropas para sofocar la revuelta. El juez Juan de Luvián fue enviado por los Reyes Católicos para indagar sobre los hechos, pero algunos miembros del Concejo de Córdoba se personaron en el pueblo y derribaron el escudo de armas del comendador, destruyeron la picota y nombraron un nuevo alcalde; con lo que la cuestión se dio por zanjada.

El cadáver de Fernán Gómez de Guzmán fue enterrado en un corral del monasterio franciscano y, aunque los reyes pidieron para él un entierro digno, la verdad es que no se sabe si se realizó. Los Reyes Católicos solicitaron a Córdoba una investigación que nunca se llevó a cabo, cerrando el caso al año siguiente. Para febrero de 1477, nadie hablaba del suceso de Fuente Obejuna. El famoso grito: “¡Fuenteovejuna, todos a una!” es una versión literaria de “¡Córdoba y Fuenteovejuna, todos en una!”

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