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Domingo 8 de abril: amanece en Córdoba y a la ciudad le cuesta despertarse, como a Rafi (¿qué otro nombre si no, para alguien de nuestra tierra?). Aún no estamos en mayo, el mes más duro para los cordobeses, en el que los estudiantes deben lidiar con las horas de estudio y de fiesta, en el que los compañeros de trabajo deben encontrar ese momento en que se alineen los astros para poder coincidir y poder ir juntos a la feria, en el que los cuidadores de los patios sufren viendo sus amadas flores rozadas una y otra vez por bolsos, mochilas y barrigas al pasar, en el que los servicios de limpieza entre celebración y celebración no dan abasto, y por supuesto, en el que los guías soñamos con un mayo tranquilo lejos del mundanal ruido donde nosotros seamos los forasteros y no al contrario. Pero a pesar de que toda esa vorágine aún no llegó, Rafi se dejó caer por la Agrobarra ayer y le está pasando factura la noche movidita y regada con más cacharros de los que pueda recordar. Y le está costando levantarse porque en vez de dormir hasta que el cuerpo diga basta, le ha sonado el despertador y, al sobresaltarse con la alarma, por su mente ha pasado un inevitable “¡cipote!” de sorpresa y de principio de ataque cardiaco. Ha cortado la alarma y ha maldecido haberla puesto, pero de repente entre tanta espesura mental, un rayo de luz se iluminó y recordó que la alarma tenía sentido porque había quedado para subir a Los Villares para hacer un perol clásico de domingo. Por un segundo su mente quedó enfrascada en la palabra “perol” y se imaginó reuniéndose con los amigos para hacer literalmente un perol y se vio en una fragua aporreando metal elaborando uno. Además de sonreírse por lo absurdo de la imagen, pensó que lo último que le apetecía era dar golpes con el ligero dolor de cabeza que ya llevaba encima. Salió de su habitación, dio los buenos días a su madre con una especie de gruñido y se fue al baño. Abrió el grifo de la ducha y debajo del agua perdió la noción del tiempo.

Elaboración de jeringos con la tradicional “jeringa” que les da nombre. Pero ojo, que la masa es más densa que la de los churros, y son un lazo circular completo. No confundamos términos. (fuente: http://desieteensiete.blogspot.com.es/2013/10/los-mejores-desayunos-del-mundo.html)

-¡Rafi, por Dios! ¡Acaba ya, que esa ducha va a durar más que las obras del murallón!-se oyó desde el pasillo la voz de su madre.

Arrastrando los pies, pero oliendo a ducha fresca (que casi consigue esconder el regusto a alcohol de la noche anterior), cuando llegó a la cocina se dio cuenta de que el aroma que había reconocido por el pasillo venía de su propia casa y no de la de algún vecino: jeringos envueltos en papel grasiento esperaban ser devorados en un delicioso desayuno.

Cuando llegaron sus amigos a su casa, organizaron toda la comida y la bebida comprada el día anterior para el perol y a punto estuvo de mascarse la tragedia porque todo el avituallamiento no cogía en el maletero.

-¿Y si dejamos algo de bebida atrás?-dijo uno de sus amigos rascándose la cabeza.

-En otro momento lo mismo te habría dicho que no dijeras pegos -comentó Rafi-, pero teniendo en cuenta las circunstancias, no me parece tan mal. Pero lo necesario para un vargas fresquito por lo menos sí que lo echamos, ¿eh?

Esquina de c/ Gondomar con c/ Sevilla donde se ubicaba la confitería La Perla, aunque desde esa perspectiva no podemos apreciar si el loro al que hace referencia el dicho cordobés era inquilino de la confitería o no. (fuente: https://cordobapedia.wikanda.es)

Y lo mismito que subieron a Los Villares, acabaron por bajar, porque el domingo la lluvia no perdonó en el parque periurbano y con las ganas de perol se quedaron. Tocó repartir el botín y cada uno a casita. Al meter la llave en la puerta, Rafi oyó de fondo el final de algo que comentaba su abuela:

-… y calla, calla, que eso tiene más años que el loro de La Perla.

-¡Abuela!-dijo Rafi desde la entrada-. Nunca he entendido esa frase: ¿“el oro de la perla”? ¿Una perla con oro dentro o cómo va eso?
La abuela dejó escapar una gran carcajada.

-¡Loro, Rafi! ¡¡Loro!!-corrigió divertida su abuela, aunque vio por la expresión de su cara que la aclaración tampoco arrojó luz sobre las dudas de Rafi-. Anda, ven que te lo explico.

Y mientras soltaba bártulos, Rafi escuchó cómo su abuela seguía riendo y dijo para sí:

-Esta criatura está fartusca… ¡jajajajajajaja!


cacharro: copa
cipote: expresión para sorpresa o enfado (en cordobés del bueno, pronunciado como sipote)
perol: reunión de familiares y amigos en el campo, con preparación de arroz, migas… lo que encarte.
coger: caber
pego: tontería
vargas: de val-gas, Valdepeñas con gas, lo que en otros lares se denomina tinto de verano.
fartusco/a: tonto, falto de entendederas

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