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Me atrevería a decir que entre que se nos caiga un botijo al suelo o un jarrón de porcelana china y se nos hagan añicos, todos preferiremos el primero en caso de tener que pagar los daños. Y sin embargo, a pesar de que uno es un objeto popular y el otro lo asociamos a las élites, hablamos de elementos muy similares. Con esta entrada vamos a volver de nuevo la vista a la artesanía tradicional y haremos referencia, tras el cuero, la plata, el vidrio y el marfil, a la cerámica.

Vaso cerámico de Zuheros con decoración a la almagra, Neolítico, 4300 – 3900 a.C. (fuente: http://www.museosdeandalucia.es/web/museoarqueologicodecordoba/obras-singulares)

La alfarería ha dado lugar desde hace miles de años a una innumerable cantidad de objetos y utensilios que han estado al servicio del ser humano. Desde una vasija de barro que en el Neolítico sirvió para almacenar semillas, hasta un interruptor (de palomilla) de porcelana del pasado siglo, que aún se encuentran en algunas casas antiguas, ese variopinto universo cerámico nos ha rodeado tomando formas y materiales distintos. En la base de su elaboración se encuentra la arcilla, claro que, según el tipo de arcilla, hablaremos de distintos materiales como la porcelana, la terracota, la loza o el gres. El origen de todo debió ser algo similar a ver a un niño jugando con plastilina: una persona tomó entre sus manos barro, le dio forma, dicha creación se secó al sol o cerca de un fuego, se endureció y sirvió de recipiente.

Como todas las artes y todos los oficios, se fue desarrollando y sus usos se multiplicaron: vasijas, contenedores, vajillas, ladrillos, baldosas, tejas, azulejos, brocales de pozo, elementos decorativos y, hace un par de siglos, empezaron a usarse elementos cerámicos como aislantes térmicos y eléctricos (de ahí su uso para interruptores). Pero de nuevo, si seguimos teniendo en mente aquel botijo rambleño y aquel jarrón chino, otra diferencia que podemos observar es la porosidad del primero y esa superficie vidriada que otorga ese carácter impermeable al segundo. Por tanto, también podremos encontrar distintos grados de porosidad en función del tipo de arcilla, del desgrasante que se le añada o si en una segunda cocción se ha completado con una terminación vidriada que le otorgue cierto refinamiento.

Alfarería tradicional Álvaro Montaño en La Rambla (fuente: https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/Botijo-Rambla-nevera-ecologica-perfecta_0_796170384.html)

No por tratarse de un arte que nos parece cercano, que en nuestra infancia quizá hayamos jugado a ser alfareros, a experimentar con el barro y sentirnos artistas ceramistas, debemos pensar que es un arte fácil de llevar a cabo. No debemos olvidar que antes elaborar una pieza para meterla en el horno para cocerla, previamente tendremos que haber manipulado el barro para asegurarnos de que no haya burbujas de aire ya que dicho aire al expandirse por el calor del horno puede provocar la rotura de dicha pieza. Del mismo modo, también deberemos prestar atención al grosor de la misma porque también podrá afectar al proceso de cocción y posible fractura. Pero si al hablar de cerámica y piezas de barro, lo que se nos viene a la cabeza es esa escena de película en que dos amantes le dan al torno mientras hacen una vasija, no debemos pasar por alto que el oficio de tornero es un oficio específico dentro de la alfarería que requiere dedicación y maestría por mucho que la cultura popular haya hecho de la imagen del torno un hobby con posibles usos erótico-festivos.

Una vez que hayamos hecho balance en nuestra propia casa de las piezas cerámicas que tenemos (no olvidemos asomarnos al balcón o al patio, donde seguramente nos encontremos alguna maceta que engrose dicho listado), salgamos a la calle y podremos ver las tejas vidriadas y coloreadas del Casino Militar en República Argentina, o una vasija con seis mil años de antigüedad encontrada en la Cueva de los Murciélagos y hoy en el Museo Arqueológico, o los ataifores verde y manganeso de Medina Azahara, o las antiguas baldosas que fueron solería y hoy decoran paredes en la galería de acceso a las torres del Alcázar, o los azulejos de la fuente de uno de los patios de Casa Árabe, o la colección de porcelanas y el tibor del Salón de Tobías del Palacio de Viana, o, si nos apetece ir en busca de la pieza cerámica más fotografiada al cabo del día en nuestra ciudad, entremos a la Mezquita y dirijámonos al mihrab y levantemos la mirada para observar la cúpula dorada que lo precede, y afinando la vista lograremos distinguir la camuflada cornisa cerámica que perfila la cúpula agallonada, y que pasa desapercibida rodeada de miles de teselas, cuya inspiración es bizantina aunque saliera de alfares cordobeses, y que nuestros visitantes admiran y fotografían sin saber lo que están viendo.

Cúpula del vestíbulo del mihrab

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