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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

El río Guadalquivir es el verdadero protagonista y vertebrador del paisaje cordobés, atravesando el término de punta a punta, dibujando, a lo largo de su recorrido, paisajes de gran belleza como los formados por los meandros. El bosque de ribera que se encuentra a lo largo de su cauce, conforma una auténtica barrera natural constituida por álamos blancos, chopos, olmos, sauces y fresnos, acompañada por arbustos de ribera como zarzas, adelfas, aneas y cañas, que procuran un importante valor ecológico al entorno. Por su parte, los pequeños embalses existentes en su cauce, producto de azudes y presas, constituyen auténticas lagunas artificiales que sirven de refugio a la fauna acuática.

La vegetación del Guadalquivir aguas arriba de Córdoba.
La vegetación del Guadalquivir aguas arriba de Córdoba.

La red hidrográfica de Córdoba en torno al Guadalquivir es sensiblemente diferente en ambas orillas. Mientras que la margen derecha, la septentrional, recibe aportes hidrográficos de una buena cantidad de arroyos y pequeños afluentes caracterizados por sus cauces irregulares, pendientes acusadas y escaso caudal, la orilla izquierda, meridional, recibe básicamente los cursos del Guadajoz y el Genil, ríos de largo recorrido con importante caudal que benefician el desarrollo de abundantes especies piscícolas que han fomentado la pesca fluvial bien documentada desde los siglos medievales. La vegetación riparia del Guadalquivir también ha sufrido modificaciones a lo largo de estos últimos cinco siglos. El cáñamo, plantación habitual en las tierras ribereñas en siglos medievales ha dado paso a nuevos cultivos cerealísticos, olivos decimonónicos y eucaliptos alóctonos contemporáneos producto de una feroz repoblación forestal de mediados del siglo XX.

Noria de la Albolafia absorbida por la vegetación de ribera.
Noria de la Albolafia absorbida por la vegetación de ribera.

Otro de los aspectos económicos que guardan una relación directa con las aguas del río es el de la industria dedicada a la producción de paños. Parece ser que la pañería cordobesa tuvo una relativa importancia en la Castilla de los siglos medievales, llegando a estar reglada desde mediados del siglo XV, sobre todo en lo que se refiere a los acuerdos para combatir fraudes en la manufactura y el tinte de paños. No obstante lo anterior, uno de los pasos iniciales de la industria pañera es el cuidado y transporte de las ovejas hasta el esquilo. Durante el siglo XV, el Cortijo el Rubio que sería el germen de la actual población de Villarrubia, muy cercana a la propia ciudad de Córdoba, alcanzaba el río Guadalquivir y su orilla servía como lavadero de lanas donde solían hacerlo cada año los comerciantes castellanos, principalmente burgaleses y zamoranos. Evidentemente, los lavaderos de lana debían estar próximos a corrientes de agua pues su limpieza arrojaba buena cantidad de suciedad e impurezas contenidas en la propia lana en bruto, que podría representar el cincuenta por ciento de su peso inicial, lo que equivaldría a un considerable flujo de contaminantes añadidos a las aguas del Guadalquivir, cuyo uso seguía siendo en buena parte para consumo animal.

A pesar de todo ello, Córdoba no sería la ciudad que es hoy sin el río Guadalquivir. El río que nos causa admiración y asombro cada invierno en sus crecidas. El río que vigila cercano nuestros más preciados monumentos. En definitiva, nuestro río.

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