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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Niños dando de comer a los patos

Mis líneas de hoy están dedicadas a uno de los rincones de la ciudad que me produce más cariño por lo ligado que esta a mi niñez. Se trata de los jardines de la agricultura. Sí, lo he dicho bien, pero probablemente la mayoría de los que leen estas líneas lo conozcan como el parque de los patos. Al igual que en mi entrada anterior explicábamos la pequeña confusión con el nombre de la puerta del puente, aquí me toca aclarar el nombre de este parque. Su nombre oficial son los jardines de la agricultura por una escultura que encontramos en su interior, pero todos lo llamamos el parque de los patos por el gran estanque con patos que hay en el sí accedemos por el sur.

Estos jardines fueron inaugurados tal día como hoy, 1 de marzo, pero del año 1811. El alcalde que se encargó de la inauguración fue Domingo Badia Leblich. Pasaron por una renovación en 1864 teniendo como cabeza del proyecto al arquitecto Rafael de Luque Lubian. La principal mejora que introdujo en el parque fue el incluir un espacio radial en el que podemos encontrar varias plazas decoradas, entre otras cosas, con bancos de forja, azulejería y palomares. Aun a día de hoy, tras las muchas renovaciones ocurridas después de esta, se conservan restos de aquella transformación.

Este parque también ha sido testigo de un inusual “experimento” cultural que se dio dentro de sus límites. Estoy hablando de la biblioteca Séneca. Esta pequeña construcción hexagonal se planteó como una biblioteca que se mantendría con las donaciones que realizaran los usuarios de la misma además de no contar con vigilancia. Su apertura se lleva a cabo en 1922. Esta pequeña biblioteca llegó a contar con unos dos mil libros además de una sección infantil que fue la primera de la ciudad en toda su historia. La respuesta de los cordobeses no se hizo esperar. Esta biblioteca llegó a tener contabilizados unos veinte mil lectores al año.

A falta de información mas concreta sobre el resultado de esta experiencia, aparte de los recuerdos que permanecen en la memoria de los ciudadanos, se desconocen las razones y la fecha concreta de su clausura que se fija en la década de los sesenta del siglo pasado. Desaparecido el edificio, el único recuerdo que nos queda serían los bancos con azulejos que la rodeaban y donde los cordobeses podían gozar del placer de la lectura de los libros que habían sacado de la biblioteca y rodeados de semejante entorno. En el respaldo de los susodichos bancos, si nos fijamos bien, encontraremos frases del insigne filosofo cordobés que dio nombre a esta construcción.

A partir del caso de “El violador del ascensor” en el año 1985 y tras la muerte de Aniceto García de Roldán en 1986, resultado de una agresión en el parque, se decidió eliminar las paredes de setos que habían caracterizado al parque hasta ese momento y hacerlo más diáfano. Pero el parque también ha pasado por malos momentos. La cercanía de la popular feria de Nuestra Señora de la Salud de la ciudad producía cada vez más estragos en la vegetación del parque y se necesitaba de mucho tiempo y esfuerzo para recuperarse de los daños. De hecho, esta fue una de las razones que se dieron para trasladar la feria a donde se encuentra en la actualidad, el recinto ferial de “El arenal”.

El parque en la actualidad

Entorno al año 2004 se lleva a cabo una nueva mejora del parque. Esta consiste en traer nuevo mobiliario que se centraliza en nuevos columpios para los más pequeños ya que los que tenía el parque se encontraban en un estado conservación bastante malo. Se incluyen también nuevas farolas y nuevas papeleras, además de incluir caminos de adoquines para facilitar la comunicación entre la estación y los diferentes segmentos de la ciudad que circundan el parque.

Debo hacer alusión aquí a las esculturas que nos podemos encontrar en varios de sus rincones. Entre ellas debemos destacar las dedicadas al compositor Martínez Rücker, a los artistas Julio Romero de Torres o Mateo Inurria o el ciudadano generoso Aniceto García Roldán. Sobre estas no incidiré más ya que cuentan ustedes con una serie de entradas escritas por la que les habla en la que pueden encontrar información más profunda sobre las mismas (pinchando en cada nombre pueden acceder para leerlas).

Escultura «Agricultor, la agricultura y el progreso»

Sobre la que sí quiero hablar es de la que encontramos en el centro de una de las pequeñas plazas del parque. Se trata de la que recibe el nombre de “Agricultor, la Agricultura y el Progreso”. Es un grupo de tres figuras esquemáticas que buscan darle la importancia que se merece a un trabajo tan duro como mal recompensado; dando nombre al parque, aunque como ya hemos comentado antes el nombre popular sea otro.

Otro de los aspectos que debe destacarse es su importancia como uno de los espacios verdes de mayor tamaño de la ciudad. De hecho, junto con los jardines de la Victoria y junto con los de Vallellano conforman un eje verde de gran tamaño que recorre parte de la ciudad de norte a sur. Su trabajo como uno de los grandes pulmones de la ciudad es incalculable. Dentro de él podemos encontrar montones de especies diferentes tales como: Plátanos de paseo, ailantos, olmos, acacias, robinias, moreras, naranjos, álamos blancos, fotinias, prunos, pinos, aligustres y otras menos comunes como la jacaranda, los arboles de júpiter, palmitos e incluso un viejo ejemplar de ginkgo.
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