El Tratado de Córdoba
El tratado de Córdoba: un acuerdo entre Boabdil y los Reyes Católicos
El 28 de agosto de 1483, reunidos en el alcázar de Córdoba (hoy conocido como el Alcázar de los Reyes Cristianos), los Reyes Católicos y el emir de Granada firmaron el tratado de Córdoba, por el que Muhammad XII, llamado Boabdil por los cristianos, aceptaba ser vasallo y aliado de Castilla, pagando un tributo anual de 12.000 doblas.
Contexto del tratado: la Guerra de Granada y la captura de Boabdil
Los Reyes Católicos se encontraban en Córdoba con motivo de la Guerra de Granada, iniciada el año anterior. Boabdil era su prisionero tras haber sido capturado en la batalla de Lucena. Este tratado fue el precio de su libertad.
La batalla de Lucena
Boabdil, animado por la anterior victoria en la defensa de la Axarquía, emprendió el ataque a la localidad de Lucena al mando de 700 jinetes y 9.000 soldados. Sin embargo, no tuvo la misma suerte que su padre. El alcaide de Lucena logró resistir hasta la llegada del Conde de Cabra, cuyas tropas rompieron el cerco y vencieron a los musulmanes. Boabdil fue capturado durante la retirada.
Consecuencias de la batalla
Esta pequeña batalla, ocurrida en la primavera de 1483, tuvo un impacto importante tanto en la guerra entre Castilla y Granada como en la guerra civil interna del reino nazarí. Boabdil había usurpado el trono a su padre Mulay Hacen mientras éste defendía la Axarquía, pero al ser capturado lo perdió nuevamente. Una vez liberado, muchos granadinos lo repudiaron por las condiciones humillantes del tratado, aunque su padre también tenía detractores, lo que llevó a la reanudación de la guerra civil en Granada.
Algunos autores sostienen que Fernando el Católico buscaba precisamente fomentar estas divisiones internas para debilitar al enemigo y facilitar la conquista del último reino musulmán en la península.
Curiosidades: el destino de las armas de Boabdil
Como curiosidad, las armas y vestimentas de Boabdil fueron entregadas a los defensores de Lucena, pertenecientes a diversas ramas de la familia Fernández de Córdoba. Conservadas durante siglos por sus descendientes, pasaron por herencia al palacio de Viana. La primera marquesa de Viana donó estas piezas a la Corona, y actualmente se conservan en el Museo del Ejército, en el alcázar de Toledo.

















