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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

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Dolmen de la Fuente del Corcho en Belmez, Córdoba. (Foto de E. López, Fuente: www.flickr.com)

Queremos iniciar desde estas líneas un interesante recorrido por nuestra provincia con la intención de divulgar pero también reivindicar la enorme relevancia y riqueza que atesora nuestro Patrimonio Histórico procedente de periodos tal vez menos conocidos, en general, que por supuesto dejaron un legado monumental que poco a poco va viendo la luz desde momentos prehistóricos en que nacía nada menos que el fenómeno y arte de la arquitectura. Siendo mucho más conocidos y estudiados los conjuntos megalíticos de otras provincias, la de Córdoba contiene también abundantes monumentos, de tipología y cronología variada, así como también diversos grados de conservación. Un inmenso legado a menudo ignorado y a veces ciertamente inaccesible que bien pudiera ponerse en valor para convertirse en un potente atractivo y recurso social que dinamice la economía en las comarcas donde se haya, principalmente en el norte de nuestra provincia.

Y es así puesto que en la mitad septentrional hemos ido conociendo la existencia de conjuntos megalíticos prehistóricos que hasta hace pocos años no se han identificado e inventariado, abarcando un rango cronológico amplio que va desde el final del Neolítico hasta la Edad del Bronce. De hecho ese proceso de inventariado sigue abierto y el número de ejemplos aumentará en el futuro, completando nuestro conocimiento sobre las primeras sociedades que poblaron, por ejemplo, el Valle del Guadiato o Los Pedroches. Como veremos, las intervenciones arqueológicas realizadas hasta el momento han sido escasas, como también son aun escasos los ejemplos puestos en valor y visitables, estando situados a menudo en fincas particulares y difícilmente accesibles.

Por lo general estos conjuntos responden al proceso de implantación de ritos funerarios pertenecientes a las culturas que desarrollan sus poblados en las cercanías, constituyendo sus necrópolis. Las estructuras se realizan normalmente utilizando ortostatos, grandes losas de piedra local que se alzan embutidas en zanjas conformando estructuras en corredor o sus cámaras funerarias, cubiertas con grandes losas y a menudo conformando al exterior el típico túmulo que muchas veces desaparece por procesos de erosión o saqueo. Es asimismo frecuente la aparición de ajuar funerario y restos óseos, tanto como su ausencia o deterioro debido a intervenciones ilegales.

Interior del corredor del Dolmen de la Fuente del Corcho en Belmez, Córdoba. (Foto de E. López, Fuente: www.flickr.com)

El primer ejemplo que vamos a tratar es uno de los pocos que han sido objeto de excavación arqueológica rigurosa. Se trata del Dolmen de la Fuente del Corcho, situado a pocos kilómetros de Belmez y que forma parte de un conjunto megalítico asociado al poblado calcolítico -Edad del Cobre- de Sierra Palacios, bien documentado previamente. La estructura se compone de corredor y cámara funeraria y pese al expolio ya antiguo de los cadáveres y su ajuar se ha podido recuperar cerámicas e industria lítica y ósea perteneciente al periodo de uso ya citado.

Los trabajos de excavación, realizados en 2005 por un equipo perteneciente a la Universidad de Huelva dirigido por Beatriz Gavilán «..se debieron a las actividades clandestinas realizadas en 1988, que afectaron al interior y al exterior de la cámara, así como por la destrucción de parte del lado norte del túmulo que cubría la estructura megalítica, arrasado por una retroexcavadora que ocasionó el desplazamiento de varios bloques de su lugar original..».

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Ostortato nº1 del lado norte del corredor del Dolmen de Fuente del Corcho (Fuente de foto: «Excavación arqueológica en el Dolmen de la Fuente del Corcho (Belmez, Córdoba)», Revista Onoba 2013, Nº 01, 3-18

Uno de los aspectos más llamativos del monumento megalítico es la existencia en dos de sus ortostatos de un amplio número de signos grabados, siempre muy esquemáticos, conformados por líneas anchas y estrechas, más o menos rectilíneas, y oquedades -llamadas cazoletas– que se distribuyen siguiendo lo que aparentemente parece un patrón determinado, a veces con curiosas asociaciones alineadas, cuya interpretación no es aun segura pero según se ve desde determinados estudios arqueoastronómicos son la representación nada menos que de parte de la bóveda celeste en la que destaca la constelación de Orión. Es todavía sólo una posibilidad, pero suficientemente sugerente como para resaltar la monumentalidad e interés de este conjunto.

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