
El patio de la Mezquita, en época musulmana, fue utilizado de forma muy
distinta al uso que se le dio por parte de los cristianos. Entonces, era empleado para impartir enseñanza, celebrar juicios y, por supuesto, al encontrarse abierta al exterior la sala de oración, había una mayor relación con el lugar sagrado. Con la llegada de los cristianos, se cierra la sala de oración debido a la apertura de capillas en el lado norte de la misma. Desacralizado, el patio pasará a presentar características de una plaza anexa a la Catedral, utilizándose como jardín, lugar de esparcimiento o incluso cementerio.
El testimonio más antiguo del empleo del patio tras la toma de la ciudad
por Fernando III el Santo pertenece a 1263, año en que la familia Gómez de Alcázar solicita ser enterrada en “el claustra de Santa María”. Entonces, cada galería estaba formada por arcos de herradura dispuestos en serie, en cuyas enjutas se abrían pequeños vanos de medio punto. Sobre los arcos se desarrollaba una cornisa caneada, y coronando el conjunto, una serie de almenas escalonadas.
A comienzos del siglo XVI, y bajo el mandato del Obispo Martín Fernández de Angulo (1510-1516), será Hernán
Ruiz I, entonces maestro mayor de la Catedral, quien remodele las tres galerías realizadas en época de
Hisam I (757-796). Las fachadas al patio pasaron a presentar un esquema totalmente distinto, divididas en tramos de tres arcos de medio punto peraltados y enmarcados por alfiz, donde cada tramo estaba separado por un gran machón, semicilíndrico en su mitad inferior y poligonal en la superior. Los capiteles fueron reutilizados en su mayoría, empleándose gran número de los que sustentaban las antiguas galerías del
patio musulmán, o los pertenecientes al grupo desplazado de la Capilla de Villaviciosa. Debemos recordar que, en estos momentos, Hernán Ruiz va a afrontar las primeras obras de la
nueva Capilla Mayor.
Tenemos constancia de la presencia de naranjos en el patio desde 1512, si bien no sabemos cual era su distribución ni número iniciales. Fray Gregorio de Alfaro escribió a fines del siglo XVI que el patio tenía “…un hermoso plantel de naranjos que arrebata la vista de cuantos entran
en aquel sagrado templo…”. El Obispo Francisco de Reinoso mandó derribar, a principios de la siguiente centuria, unos paredones que había en el patio y lo reestructuró, pasando, tal y como dice Nieto Cumplido, “…de huerto y corral a jardín”. Conocemos su distribución a finales del siglo XVII gracias a Tomás Fernández Moreno: “…todo de piedra menuda…dividido en tres capacísimos cuadros (se refiere a la colocación en parcelas) en que hay cerca de 80 naranjos, unos 12 cipreses y 3 palmas… Hay también un olivo, y se van poniendo diferentes plantas…”. La configuración actual es muy similar a la del barroco, variando básicamente en el número de árboles.
Texto: J.A.S.C.