Urbanismo de la Córdoba Romana
La actividad edilicia de la primera generación de habitantes de la ciudad se concentró en la construcción de una sólida muralla de más de tres metros de espesor, formada por dos paramentos de grandes sillares de piedra calcarenita, aparejados en opus quadratum, alternadas a soga y tizón con rehecho interno de cascotes y arcilla. Entre ellas, a lo largo de todo el perímetro, se construyeron torres de planta cuadrada y circular. El sólido lienzo definió un polígono irregular de una extensión aproximada de 42 hectáreas.
La estructura intramuros en el siglo II a.C. manifiesta una Corduba muy modesta en sus construcciones. Los muros generalmente estaban realizados de mampuestos y cantos rodados trabados con barro con alzados de adobe y tapial. Los suelos eran muy pobres como empedrados o, en el peor de los casos, de tierra apisonada. Es por ello, que la primitiva urbe tuvo mayoritariamente un carácter defensivo carente de un tejido urbano interno definido.
Primeros signos de monumentalización
No obstante, en el tránsito del siglo II al I a.C. se documenta una cierta monumentalización. Sobre los restos fundacionales se detectan construcciones con sólidos sillares. Los muros presentan revestimientos de opus signinum y estuco pintado. En cuanto al abastecimiento de agua, en estos primeros momentos se concentró en la excavación de pozos hasta el manto freático, y la recogida del agua de lluvia mediante cisternas. Los historiados latinos afirman la existencia en estos momentos de ricas mansiones y de un foro utilizado como tribunal en el cual los gobernadores impartían justicia.
La ciudad augustea y la Colonia Patricia
Con la llegada de Augusto, y la institución de la ciudad como Colonia Patricia, comienza en ella un período de reconstrucción. Será en el cambio de Era, durante el principado del emperador Augusto, cuando se acometan una serie de remodelaciones que permiten hablar de una nueva Corduba. Excavaciones arqueológicas recientes, ponen de manifiesto que durante la segunda mitad del siglo II a. C., la ciudad comienza a reconstruirse sobre las estructuras republicanas, siguiendo un plan urbanístico muy organizado.
Por un lado, el recinto amurallado republicano se amplía considerablemente, adquiriendo una extensión final de 78 hectáreas. Este aumento del pomerium (lat. pasado el muro) hacia el río debió potenciar el papel de éste, pues es en este momento cuando debe fecharse la construcción del puente y el puerto.
El urbanismo interior
A intramuros, se desarrolló un urbanismo definido por manzanas o insulae, separadas por amplias calles dotadas de una completa y compleja red de alcantarillado. En la confluencia de las calles principales: Kardo Maximus y Decumanum Maximus, se ubicó el foro colonial, emplazado en los alrededores de la actual Iglesia de San Miguel.
Abastecimiento de agua y edificios públicos
Por otro lado, el aumento poblacional derivado de esta extensión urbana, necesitó una importante cantidad de recursos hídricos, construyéndose un acueducto, el Aqva Avgvsta o Acueducto de Valdepuentes, así como la proliferación de fuentes públicas. A finales de época augustea se emprende la construcción del Teatro, aprovechando un acusado desnivel natural en el sureste del recinto amurallado.
La Córdoba altoimperial
En época altoimperial, la ciudad adquiere un desarrollo urbanístico sin precedentes, acorde con el papel de capital de Provincia. La ciudad crece hasta sobrepasar las murallas, surgiendo de esta manera nuevos barrios o vici. También al exterior se construyeron dos edificios de espectáculos, el Circo, al Oeste, cercano a la Vía Augusta, y el Anfiteatro, recientemente excavado en parte en los terrenos ocupados por el Rectorado, y del que apenas podremos aportar datos.
De igual manera, en las principales vías de salida de la ciudad fueron surgiendo las necrópolis, algunas de ellas, como la occidental y la septentrional, de grandes dimensiones, que han dejado testimonios del grado alcanzado en la arquitectura funeraria cordubense.
Las plazas monumentales y las infraestructuras
La actividad edilicia continúa al interior con la construcción de dos plazas monumentales. La primera de ellas, fechable a finales del mandato de Claudio, se ubicó en el sector occidental de la ciudad, albergando el Templo de la Calle Claudio Marcelo. La segunda, construida en época flavia, se localizó en las cercanías de las calles Jesús María y Ángel de Saavedra.
Toda esta vorágine constructiva provocó una demanda mayor de agua, solventada con la construcción de un segundo acueducto, el Aqva Nova Domitiana Avgvsta, durante el mandato de Domiciano. Del mismo modo, la Capital se dotó de un importante nudo de comunicaciones, quedando de ella restos como el Puente Romano del Arroyo Pedroche.
El declive urbano
A partir del siglo III d. C. la ciudad comienza a experimentar un cierto declive: abandono y saqueo de los edificios públicos, colmatación de los sistemas de abastecimiento de agua y evacuación de aguas residuales, enterramiento intramuros y cierto descenso urbanístico en el norte de la ciudad en detrimento de la zona sur. Solamente frenado por la construcción, a extramuros de la ciudad, del Palacio del Emperador Maximiano, así como el papel destacado de la ciudad impulsado por Osio.
Córdoba Romana y turismo cultural
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Texto: Fran Peña.
Preguntas frecuentes Urbanismo de la Córdoba Romana
La muralla de la primera ciudad de Córdoba, construida por la primera generación de habitantes, tenía más de tres metros de espesor, con paramentos de grandes sillares de piedra calcarenita y torres de planta cuadrada y circular a lo largo de todo el perímetro, definiendo un polígono de aproximadamente 42 hectáreas.
La estructura intramuros en el siglo II a.C. era modesta, con muros de mampuestos y cantos rodados trabados con barro, alzados de adobe y tapial, y suelos empedrados o de tierra apisonada, sin un tejido urbano definido, de carácter principalmente defensivo.
Con la llegada de Augusto y la conversión de Córdoba en una Colonia Patricia, la ciudad experimentó una gran remodelación urbanística, ampliando las murallas a 78 hectáreas y desarrollando una nueva estructura urbana, incluida la construcción de un puente y un puerto, además de un foro colonial.
Durante la época altoimperial, Córdoba vivió un gran auge urbanístico con la construcción de nuevos barrios fuera de las murallas, el Circo, el Anfiteatro, dos plazas monumentales, y un segundo acueducto, el Aqva Nova Domitiana Avgvsta, para satisfacer las necesidades de agua de la creciente población.
A partir del siglo III d.C., Córdoba sufrió un declive urbano caracterizado por el abandono de edificios públicos, la colmatación de los sistemas de agua y evacuación, y una disminución del desarrollo urbanístico en el norte de la ciudad, aunque se frenó parcialmente con la construcción del Palacio del Emperador Maximiano.
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