Iglesia de Santa Marina
La Iglesia de Santa Marina de Aguas Santas, advocación de origen gallego, fue mandada a construir por el Rey Fernando III el Santo con el fin de habitar la escasamente poblada collación de Santa Marina, así como de dotarla de un centro religioso y administrativo. Situada en un lugar privilegiado de la Córdoba actual, en el medievo lindaba con la muralla que separaba la Ajerquía de la Villa, así como con la desaparecida Puerta del Colodro, que posibilitaba el acceso a la Ajerquía por el Norte.
Una de las iglesias fernandinas más antiguas
En la actualidad se piensa que las obras se iniciaron a finales del siglo XIII, aunque se poseen datos en los que aparecen alusiones documentales a la iglesia en 1256 y 1264, así como la mención por parte de unos clérigos que servían en ella en 1277. Sin duda, es junto a La Magdalena, la iglesia más antigua de las denominadas fernandinas, con el que comparte numerosas similitudes estilísticas.
Como en la mayoría de las restantes iglesias fernandinas de nuestra ciudad, la Iglesia de Santa Marina ha sufrido numerosas transformaciones, si bien, el estado actual de conservación del templo es óptimo para poder hacer una lectura histórica del mismo.
Transformaciones y restauraciones del templo
A mediados del siglo XVI Hernán Ruiz edificó la actual torre campanario sobre restos medievales, las obras fueron financiadas por el Obispo Don Leopoldo de Austria, tío del Emperador Carlos I. Hacia 1630 el arquitecto Sebastián Vidal trasformó el ábside del lado del evangelio para alojar en él la Capilla de los Benavides, adaptándolo al gusto imperante de la época.
Años después, en 1642 y 1647, se cubren las cubiertas medievales por bóvedas barrocas y se concluye la Capilla del Sagrario respectivamente. Ésta última sufrió una nueva reestructuración en la segunda mitad del siglo XVIII, pero se piensa que fue originada por el terremoto en el que la iglesia se vio afectada en el año 1755. La restauración realizada en el año 1998 fue realizada para que, en la medida de lo posible, el templo recuperara su aspecto original.
Epidemias, incendios y terremotos
La tradición de enterrar a los fallecidos en el interior y aledaños de las iglesias, estimuló que en épocas de gran mortandad la acumulación de cadáveres provocara la propagación de grandes epidemias, caso de la que en el año 1785 causara más de mil muertes, como nos relatara Ramírez de Arellano.
Las epidemias no fueron las únicas desgracias que sufrió el barrio de Santa Marina a lo largo de los años. Los terremotos de 1680 y 1755 hicieron mella en el edifico, así como los incendios acaecidos en 1880 y 1936. A tales desastres le fueron sucediendo sendas restauraciones, eso sí, realizándose al gusto del patrocinador y del momento, como se hacían las cosas antaño.
El entorno urbano de Santa Marina
El actual barrio de Santa Marina se encuentra limitado por el barrio de San Agustín en el Este y Sur, así como por la Avenida de Ollerías en el Norte y la céntrica Plaza de Colón en el Oeste. Frente a la iglesia se sitúa la Plaza de Santa Marina, que linda con la Plaza del Conde de Priego, lugar donde está ubicado el Monumento a Manolete, por lo que el espacio para contemplar el edificio es más que notable.
Unos metros al Sur de la iglesia, limitado por la Calle Santa Isabel y la Calle Rejas de Don Gome, se encuentra el Palacio de Viana. Al Norte, en la Avenida de Ollerías junto a la Plaza de Colón se encuentra la Torre de la Malmuerta, una torre albarrana mandada a construir por Enrique III el Doliente, para proteger las puertas del Rincón y del Colodro.
El edificio
La planta de la Iglesia de Santa Marina de Aguas Santas presenta tres grandes naves, siendo la central más ancha y alta que las laterales. La cabecera está compuesta por tres ábsides poligonales, manifestándose al exterior de igual forma, siendo reforzados los tres por contrafuertes.
Las naves de la Iglesia de Santa Marina se comunican entre sí por medio de cinco arcos apuntados sustentados por grandes pilares, en los que se encuentran adosados dos columnas y dos pilastras. Sobre los arcos apuntados se alza el característico muro armado, en el que se desarrollan otros cinco arcos, cegados y de medio punto. En su interior, podemos apreciar la presencia de unos pequeños vanos de iluminación, cubiertos por arco de medio punto, que recubre un segundo arco, en este caso polilobulado, sostenido por columnillas de fuste liso.
El citado muro armado sostiene el artesonado de madera, de par y nudillo, con tirantes pareados, decorados con una fina y sencilla lacería. El arco triunfal, que da acceso al Altar Mayor, está decorado con una especie de crochets, mientras que el que da acceso al ábside del lado de la epístola es moldurado por baquetones y escocias alternados. Los dos ábsides citados, así como el tramo que le precede a cada uno de ellos, están cubiertos por bóveda de crucería gótica con claves decoradas a base de elementos vegetales.
Capillas y cubiertas
El ábside del lado del evangelio, que antaño fuese Capilla de los Benavides, está cubierto por una bóveda de cañón cerrada en cuarto de esfera, realizada a mediados del siglo XVII, y decorada con elementos geométricos, propios del gusto de la época.
Fachadas y portadas
La fachada principal se caracteriza por los cuatro grandes contrafuertes rematados en pináculo que la dividen en tres partes, coincidiendo con las naves del interior, es decir, se insinúa lo que vamos a ver en el interior. En el centro se halla la portada, que da acceso a los pies de la nave central. Está compuesta por un vano de acceso con arco apuntado, cuyas arquivoltas están molduradas, y sustentadas por sendos capiteles decorados con motivos vegetales y zoomórficos, mezclándose con un pequeño friso corrido, que se desarrolla como una especie de prolongación de los mismos.
El arco apuntado está enmarcado por un alfiz de inspiración musulmana, de igual manera que el tejaroz sostenido por modillones de rollos. El rosetón no es medieval, sino realizado en una de las últimas restauraciones.
La portada del lado de la epístola responde al mismo esquema que la portada principal, si bien ofrece la peculiaridad de que aparecen aves enfrentadas a lo largo del friso decorativo.
La portada del lado del evangelio es de época posterior a las dos anteriores, de mediados del siglo XIV, por lo que presenta rasgos estilísticos más evolucionados. Está compuesta por un arco apuntado, con intradós decorado a base de dientes de sierra y arquivoltas molduradas. Los capiteles son sostenidos por finas columnillas y decorados con motivos vegetales y zoomórficos, mezclándose, como en la portada principal, la decoración con un friso corrido que en esta ocasión llega hasta la base del propio arco.
Un alto y esbelto gablete, ornamentado en sus bordes con puntas de diamante, cubre el arco apuntado, siendo a su vez flanqueado por dos grandes contrafuertes. Una pequeña escultura de Santa Marina preside el frente, ubicada en una hornacina de arco apuntado que aloja otro polilobulado.
La torre
La torre es obra de Hernán Ruiz II el Joven, y patrocinada por el Obispo Leopoldo de Austria a mediados del siglo XVI, de ahí que podamos apreciar su escudo en el último cuerpo. De sección cuadrangular, la torre se divide en dos cuerpos, de los que el primero apenas presenta decoración.
El segundo cuerpo se caracteriza por el empleo de tres pilastras por lado con capitel jónico, entre ellas se desarrollan los vanos de medio punto con clave decorada que albergan las campanas. El remate se realiza por una cúpula con linterna.
Altares y Capillas
De la nave del evangelio, profundamente trasformada en el siglo XVIII, y a la que se ha devuelto en parte su estado original, podemos destacar un pequeño Altar dedicado a San José que posee una hornacina con la imagen del Santo, así como un lienzo al óleo de Santa Inés atribuido a Cristóbal Vela Cobo, o una Adoración de los Reyes Magos, copia de un original de Rubens.
Pero de especial interés es la Capilla del Sagrario, a la que se accede por un sencillo vano de medio punto. Se trata de un espacio cuadrangular cubierto por cúpula sobre pechinas, decoradas con las imágenes de los cuatro evangelistas. En el centro un retablo que alberga el Sagrario, y en el que destaca un lienzo apaisado que representa la Santa Cena. Cabe destacar dos lienzos de Alonso Enríquez de Navarra que representan a Santa Inés y San Juan por un lado y a San Juan Bautista y Santa Bárbara por el otro.
Capilla de los Benavides
El ábside del evangelio está ocupado por la Capilla de los Benavides, mandada a construir por el capitán del ejército español Alonso de Benavides, nacido en la collación de Santa Marina. El retablo, realizado en madera dorada, es obra de Sebastián Vidal, quien le imprimió un notable carácter clasicista.
Dividido en tres cuerpos, en los laterales destacan sendas pinturas de Antonio del Castillo, que representan a San Juan y San Francisco. En la hornacina central se encuentra un Cristo Resucitado, titular de la Cofradía de El Resucitado, obra de Juan Manuel Miñarro.
A la derecha está la Virgen de la Alegría, de Juan Martínez Cerrillo, cotitular de la cofradía y, al otro extremo, el Ángel que procesiona junto al Señor el Domingo de Resurrección por las calles de Córdoba.
Altar Mayor
En el Altar Mayor podemos destacar la Virgen del Rosario, obra anónima de la primera mitad del siglo XVII, que representa a la Virgen joven, sosteniendo al Niño Jesús con su brazo izquierdo y un rosario con el derecho.
En los laterales se ubican sendos lienzos atribuidos a Cristóbal Vela Cobo que representan a los arcángeles San Gabriel y San Rafael. Se piensa que ambas obras, casi idénticas, representaron en un principio al Arcángel San Miguel, y que fueron retocadas a posteriori.
Ábside de la epístola
En el ábside de la epístola, que mantiene casi en la totalidad su aspecto medieval, destaca un pequeño altarcillo decorado con columnillas salomónicas, en cuya hornacina se encuentra una imagen de Santa Marina, realizada por Blanca de Alvear en 1968.
Una talla que, pese a ser actual, se integra a la perfección en el entorno, debido a su hieratismo y carácter arcaizante en general. De los lienzos que decoran la estancia destacar una Inmaculada de principios del siglo XVIII, en mal estado de conservación.
Altar de San Juan Bautista
En el lado de la epístola podemos destacar, en primer término, dos retablos ubicados a ambos lados de la puerta de acceso. El primero de ellos es el Altar de San Juan Bautista, realizado en madera policromada, es anónimo del siglo XVII.
En el centro un magnífico lienzo de San Juan Bautista, flanqueado por sendas pinturas de San José, San Antonio de Padua, San Francisco y San Blas, realizadas por José Saló Junquet, copiando los originales esparcidos por varias colecciones.
Coronando el retablo, una Inmaculada atribuida a Antonio del Castillo de 1645.
Altar de Nuestra Señora de la Luz
El segundo retablo es el conocido como Altar de Nuestra Señora de la Luz, que recibe su nombre de la imagen central del mismo, obra de Alonso Gómez de Sandoval de mediados del siglo XVIII.
Sobre ella, una pintura sobre cobre de San Sebastián, que lo representa en el momento de su martirio.
Capilla de los Orozco
Finalizaremos nuestro recorrido con la Capilla de los Orozco, de la que aún desconocemos con exactitud cuál fue su fundador. La entrada es muy interesante, pues está conformada por un arco apuntado enmarcado por alfiz, cuyas enjutas se hallan decoradas a base de yeserías mudéjares, destacando dos Cruces de Calatrava, orden a la que, presumiblemente, perteneció el patrocinador.
Más arriba puede apreciarse el uso del mocárabe.
El interior de la capilla es un espacio cuadrangular cubierto por cúpula sobre trompas, en cuyo centro aparece una especie de florón pintado. Son numerosos los elementos que fueron transformados a raíz de la restauración realizada hace no muchos años.
Cabe destacar una excepcional Inmaculada de Antonio del Castillo, a buen seguro uno de los pintores más sobresalientes que trabajaron en la Córdoba del siglo XVII, y por suerte, esta iglesia cobija varias de sus obras.
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Texto: J.A.S.C.
Preguntas frecuentes Iglesia de Santa Marina
La Iglesia de Santa Marina de Aguas Santas fue mandada construir por el Rey Fernando III 'el Santo' con el fin de dotar a la escasamente poblada collación de Santa Marina de un centro religioso y administrativo.
Se piensa que las obras de la Iglesia de Santa Marina comenzaron a finales del siglo XIII, aunque ya se mencionan en documentos de 1256 y 1264.
La Iglesia ha sufrido numerosas transformaciones, como la construcción de la torre campanario en el siglo XVI, la adaptación del ábside en 1630 y la restauración tras el terremoto de 1755. En 1998 se realizó una restauración para recuperar su aspecto original.
La Iglesia de Santa Marina sufrió los efectos de terremotos en 1680 y 1755, además de incendios en 1880 y 1936, lo que provocó varias restauraciones a lo largo de su historia.
Cerca de la Iglesia de Santa Marina se encuentran la Plaza de Santa Marina, el Palacio de Viana al sur, y la Torre de la Malmuerta al norte, junto a la Avenida de Ollerías y la Plaza de Colón.
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