Iglesia de San Andrés Córdoba
Las primeras noticias que nos llegan de la Iglesia de San Andrés datan de 1246, momentos en que se encontraba en pleno proceso de construcción, mientras que pocos años después, hacia 1277, tenemos constancia de su ocupación por parte de seis clérigos. La iglesia formaba parte de la collación de San Andrés, que creara Fernando III el Santo en 1241, ejerciendo de núcleo religioso y administrativo de la misma.
Desde un primer momento, el edificio adquirió un gran valor religioso y estratégico, puesto que fue construido sobre los restos de la antigua Basílica de San Zoilo, a la vez que estaba situado en una de las vías más importantes y transitadas de la Córdoba medieval, la Vía Augusta, que entonces conectaba la Puerta del Hierro con la Puerta de Plasencia.
La collación de San Andrés
Como sucediera en otros casos, el barrio de San Andrés estaba fuertemente despoblado. Está situación apenas cambiaría hasta bien entrado el siglo XV, momento en que el Convento de San Pablo es construido en sus inmediaciones. Esto mismo sucedió en la vecina collación de San Nicolás de la Ajerquía cuando se asentó el Convento de San Pedro el Real, actual Iglesia de San Francisco y San Eulogio.
La parroquia contó en su collación con el Hospital de la Sangre de Cristo y el Hospital de San Andrés. Por otro lado, aquí se asentaron algunas de las familias más importantes e influyentes de la ciudad, caso de los Luna, los Hoces o los Villalón.
Transformaciones arquitectónicas
Dos son las transformaciones que han desvirtuado el estado original de la iglesia, las consumadas a finales del siglo XVI y a principios del siglo XVIII. La primera de ellas consistió en la realización de la actual torre, siguiendo las trazas que Hernán Ruiz II confeccionara para la torre de la cercana Iglesia de San Lorenzo años atrás, concretamente hacia 1555.
Sin duda alguna, la trasformación más contundente fue la efectuada durante los primeros años del siglo XVIII, donde lo que era la iglesia medieval pasa a ser el crucero, cambiando entonces la orientación E-O a N-S. Las obras fueron llevadas a cabo por los maestros mayores del obispado, Juan y Luis de Aguilar, quienes confirieron al edificio de un aspecto conforme al gusto del momento.
Condiciones de vida y evolución urbana
Tal y como sucediera con otros barrios que tuvieron su origen en la fundación de las Iglesias Fernandinas, San Andrés adoleció de las condiciones mínimas de salubridad, lo que desembocó en numerosas epidemias, destacando las de los años 1804 y 1835. La costumbre de aislar a los enfermos en sus casas no sirvió para evitar los desastres y el antiguo Arroyo de San Andrés, nombre que ha quedado en la toponimia del barrio, se convertía en un foco de propagación enfermedades.
Los edificios más destacados se disponen, en su mayoría, a lo largo de las calles San Pablo y Realejo, nombre éste último que parece provenir de la residencia del Rey Fernando III el Santo mientras preparaba las campañas contra los musulmanes, que tenían aún ocupada la medina.
Por otra parte, muchas de las casas principales fueron destruidas por el Rey Don Pedro, como represalia hacia los nobles cordobeses, que apoyaron mayoritariamente a su hermano Enrique en la lucha por el trono.
La Iglesia de San Andrés, como ya apuntáramos en el apartado anterior, sufrió una importante remodelación a principios del siglo XVIII, por lo que no conserva su estado original. De la antigua iglesia sólo queda parte del crucero de la actual, constaba de tres naves dispuestas de Este a Oeste, cubiertas por bóvedas de crucería gótica. En la citada remodelación se amplió la iglesia de Norte a Sur, prolongándose a partir del antiguo lado del evangelio del primitivo templo por medio de tres grandes naves, hasta lo que hoy son los pies de la actual. En cambio, de la antigua nave de la epístola, surgiría la nueva cabecera, a consecuencia del ensanchamiento de la misma.
Descripción del interior
Naves y crucero
Si nos centramos en la actual Iglesia de San Andrés, podremos apreciar que se compone de tres naves, siendo la central más ancha y alta que las laterales. Éstas se comunican entre sí por medio de tres grandes arcos de medio punto que descansan sobre pilares cruciformes, en su cara anterior se encuentran adosadas pilastras que se prolongan por encima de los arcos hasta lo más alto de la nave central, que está cubierta por bóvedas de arista. La limpieza de sus formas resalta sobre todo lo demás al entrar en la iglesia, realizada conforme al gusto imperante en la Córdoba de principios del siglo XVIII, donde los motivos ornamentales se reducen a simples placas geométricas, y el blanco de la cal cubre casi la totalidad de los muros.
En las naves laterales se repite el esquema de la nave central, es decir, tres tramos cubiertos por bóveda de arista y separados por arcos de medio punto sobre pilares. El espacio central del crucero, lejos de estar cubierto por una suntuosa cúpula sobre pechinas, está abrigado por una sencilla bóveda baída, donde la sobriedad sólo es enturbiada por un pequeño florón decorativo.
Capilla del Sagrario y cabecera
En la nave del evangelio se encuentra la Capilla del Sagrario que, como hemos indicado anteriormente, fue la cabecera del templo medieval. De planta poligonal, se muestra al exterior por medio de contrafuertes que soportaban los empujes de las antiguas bóvedas de crucería gótica. Hoy no se conservan estas bóvedas, en cambio, nos ha llegado el blanco de los muros, en el que resalta el color crema de los arcos carpaneles que fajan las cubiertas dieciochescas.
La cabecera actual presenta tres espacios rectangulares cubiertos por bóvedas de arista, comunicados entre sí por estrechos vanos. El espacio central parece haber sido concebido para albergar un gran retablo, caso contrario de las iglesias cuya cabecera se ha conservado del medievo.
Dependencias parroquiales
En torno a la nave de la epístola se encuentran las actuales dependencias de la parroquia, caso de la Sacristía. Las situadas más al Oeste configuraron el nártex del templo medieval y, por lo tanto, en ellas se encontraba el acceso principal de la misma.
El exterior del edificio
Portadas
Al exterior podemos distinguir hasta tres accesos. En primer lugar nos detendremos en el situado al Oeste, en la Calle Fernán Pérez de Oliva, es decir, en la portada medieval. Una portada que, curiosamente, es posterior a la realización del templo; realizada en 1489, venía a sustituir a una anterior que amenazaba ruina. Se presenta como un gran arco de medio punto que cobija un acceso abocinado sustentado por columnillas de fuste liso adosadas al muro. Coronando el vano adintelado, al que se accede por medio de tres escalones, se halla un excepcional tímpano decorado con una malla de arquillos polilobulados, muy al gusto de la época.
La fachada principal, realizada en el primer tercio del siglo XVIII, refleja perfectamente en el exterior lo que nos vamos a encontrar dentro, es decir, predominio del blanco y utilización del color crema para la decoración, una decoración basada en placas geométricas. Mayor ornamento presenta la portada, presidida por un arco de medio punto sobre el que se halla el escudo del Obispo Marcelino Siuri, patrocinador de las obras de remodelación. En una hornacina, coronando el acceso, una escultura en piedra de «San Andrés«, santo titular del templo.
Torre-campanario
Finalizaremos esta somera descripción de la Iglesia de San Andrés con la torre-campanario, realizada en el siglo XVI bajo el patrocinio del Obispo Fray Martín de Córdoba, que hizo colocar su escudo en la cara anterior de la misma. La torre está compuesta por dos cuerpos, con un primero bastante sobrio, realizado en ladrillo, donde la decoración apenas se reduce al empleo de pilastras con capitel toscano en los extremos. El segundo cuerpo arranca con una pequeña balaustrada, y presenta similitudes muy claras con la Torre de la Iglesia de San Lorenzo, ya que se encuentra girado con respecto al primer cuerpo. Un total de cuatro vanos de medio punto, uno en cada cara, conforman el cuerpo de campanas.
Retablo del Altar Mayor
El Retablo del Altar Mayor de la Iglesia de San Andrés está actualmente atribuido al escultor sevillano Pedro Duque Cornejo, el mismo que realizara entre los años 1747 y 1754 la Sillería de Coro de la Catedral. Se cree que pudo realizar las trazas del retablo entre 1750 y 1757, pero se encargaría de ejecutarlas Teodosio Sánchez Cañadas, escultor que se piensa pudo realizar también la talla del «San Andrés» que preside el conjunto.
Se trata de una obra de gran originalidad puesto que apenas se ajusta a los cánones utilizados por los maestros retablistas del momento. Realizado en madera posteriormente dorada, el retablo se estructura en apenas dos cuerpos y únicamente tres calles, donde el movimiento y el efectismo imprimidos por el autor en la obra son sus características más destacadas y celebradas.
Primer cuerpo del retablo
El conjunto arranca con un sotobanco, del que parten las ménsulas encargadas de sostener las columnas salomónicas del primer cuerpo. Unas columnas de gran originalidad por dos motivos, el ritmo de las espirales de las cuatro columnas no coinciden en ningún momento, lo que provoca un mayor efectismo si cabe en el conjunto y, por otro lado, poseen el tercio intermedio del fuste diferenciado, rompiendo el compás normal de las mismas.
En las calles laterales, sobre pedestales se encuentran dos esculturas que representan a los arcángeles «San Miguel» y «San Rafael«. La calle central, por el contrario, se divide en dos alturas, la primera está destinada al Sagrario, en la segunda destaca una hornacina de medio punto flanqueada por estípites que contiene una imagen de «San Andrés«, titular del templo. El Apóstol es representado con su atributo más característico, la cruz en aspa, mientras sostiene el libro.
Segundo cuerpo y remate
El segundo cuerpo presenta igualmente tres calles, adaptándose perfectamente a la disposición de las bóvedas de arista que cubren el altar. A nuestro juicio, el autor ha dispuesto los espacios en torno a la figura central del Crucificado que preside la escena, y que se encuentra flanqueado por dos esculturas de grandes escorzos que representan a dos «Ángeles de la Pasión«. El conjunto está rematado por un florón.
Otras obras del Altar Mayor
Por otro lado, de las paredes del Altar Mayor cuelga «La imposición de la Casulla a San Ildefonso«, obra del cordobés Juan de Peñalosa y Sandoval, autor que se piensa realizó las doce composiciones que representan a «Los Apóstoles» que decoran todo el recinto.
Comenzamos por la Nave del Evangelio este pequeño análisis destinado a los bienes muebles que, en la actualidad, se encuentran en la Iglesia de San Andrés. A los pies de la citada nave se encuentra la Capilla del Buen Suceso, denominada así porque alberga las imágenes titulares de la joven cofradía que procesiona el Martes Santo. Destaca la talla de Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso, obra anónima del siglo XVII, así como la imagen cotitular de la cofradía, María Santísima de la Caridad, salida de la gubia de Miguel Ángel González Jurado hacia 1991.
Altares de la nave
Los siguientes tramos de la nave están presididos por dos altares cobijados bajo arcos de medio punto, estos son el Altar de la Virgen del Pilar y el Altar de Ntra. Sra. del Buen Suceso. El primero de ellos, de factura academicista, está realizado en madera a imitación del mármol, albergando la imagen de la Virgen, de tamaño menor al natural. El segundo es un retablo realizado en madera y policromado en rojo y dorados, en cuya hornacina reside la Virgen del Buen Suceso, talla de candelero que aparece representada con el Niño Jesús en sus brazos.
Retablo del Evangelio
Al final de la nave, junto a la cabecera, se encuentra el Retablo del Evangelio, obra anónima de finales del siglo XVIII. Pese a su tardía fecha de ejecución, esta talla en madera dorada presenta rasgos propios de años pretéritos, caso del empleo de la columna salomónica o la profusidad decorativa de la que hace gala. En la hornacina central destaca Ntra. Sra. de los Ángeles, una imagen de candelero del siglo XVIII. En las calles laterales adornan dos pinturas de los santos patronos de nuestra ciudad, San Acisclo y Santa Victoria.
Altares y Capillas
Capilla del Sagrario
A continuación nos adentramos en la Capilla del Sagrario que, como hemos explicado anteriormente, se trata de la cabecera de la iglesia medieval. Al fondo destaca el excepcional retablo diseñado por Juan Fernández del Río en 1739; realizado en madera policromada y dorada, se encuentra presidido por un suntuoso Sagrario rematado por un frontón triangular partido, coronando el altar un lienzo anónimo representa la Sagrada Cena. No de menos importancia son los dos lienzos pertenecientes a la escuela de Antonio del Castillo que aquí se exponen, La Adoración de los Reyes Magos y El Descendimiento de Cristo, o la excepcional Inmaculada de Acisclo Antonio Palomino, maestro de maestros en el arte de la pintura.
Antiguo Sagrario
A la derecha de la capilla se desarrolla un pequeño habitáculo rectangular cubierto por bóveda de crucería gótica, se trata del Antiguo Sagrario. En él destaca un retablo fechado en el siglo XVI, realizado en madera dorada. El retablo consta de tres cuerpos y tres calles, decorado con pinturas sobre tabla excepto en la calle central, ornamentada con esculturas. La imagen central es la Virgen de la Asunción, sobre ella un excepcional Calvario corona el conjunto.
Retablos y capillas de la nave de la Epístola
Retablo de San José
Compañero al Retablo del Evangelio es el Retablo de San José, realizado a mediados del siglo XVIII. Compuesto por tres calles y dos cuerpos, destaca el empleo del estípite y la columna salomónica. En el centro se halla una imagen de San José con el Niño Jesús portando la vara florecida. A ambos lados representaciones de diversos santos y, cerrando el conjunto, una pintura ilusoria a Pentecostés.
Capilla del Bautismo
Adosada a la nave de la epístola se encuentra la Capilla del Bautismo, un pequeño espacio cuadrangular cubierto por bóveda de arista. En el interior podemos destacar una pila bautismal de mármol blanco que, en su interior, tiene grabada la fecha de 1793. Dos lienzos completan la decoración de la sala, un Bautismo de Cristo perteneciente a la escuela cordobesa, fechado a finales del siglo XVIII, y una Magdalena Penitente, obra anónima del siglo XVII.
Altar de Ánimas
En la Nave de la Epístola, se encuentra el Altar de Ánimas, cubierto por un gran arco de medio punto. Realizado en madera policromada y dorada, alberga un gran lienzo que representa a la Virgen ayudando a las ánimas a salir del purgatorio. La escena se divide en tres partes, abajo el purgatorio, donde se distingue todo tipo de personas (Reyes, Obispos, Papas…), en el centro la Virgen María rodeada de ángeles y santos, y cerrando la composición la Trinidad entre San Andrés y San Pedro.
Capilla de la Esperanza
A los pies de la nave del evangelio se encuentra la Capilla de la Esperanza, que aloja las imágenes titulares la popular Cofradía de La Esperanza, que procesiona la tarde-noche del Domingo de Ramos. Ambas imágenes, tanto Jesús de las Penas como María Santísima de la Esperanza, son obra del imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo.
Visitar la Iglesia de San Andrés
Si se pregunta qué visitar en Córdoba, una buena opción serían las Iglesias Fernandinas, eligiendo una de nuestras visitas guiadas. De este modo podrá conocerlo todo sobre la Iglesia de San Andrés. Apostar por hacer turismo de calidad es hacerlo por ArtenCórdoba.
Texto: J.A.S.C.
Preguntas frecuentes Iglesia de San Andrés Córdoba
Las primeras noticias sobre la construcción de la Iglesia de San Andrés datan de 1246, cuando comenzó su edificación, siendo consagrada a fines del siglo XIII.
La Iglesia de San Andrés fue construida sobre los restos de la Basílica de San Zoilo y está situada en una de las vías más importantes de la Córdoba medieval, la Vía Augusta, lo que le confiere un gran valor estratégico y religioso.
La Iglesia de San Andrés sufrió dos transformaciones significativas, la construcción de su torre en el siglo XVI y el cambio de orientación del edificio en el siglo XVIII, donde se convirtió en el crucero.
El barrio de San Andrés sufrió de malas condiciones de salubridad, lo que generó varias epidemias, especialmente en los años 1804 y 1835, relacionadas con la propagación de enfermedades a través del Arroyo de San Andrés.
Una visita a la Iglesia de San Andrés ofrece una oportunidad única para conocer su historia medieval, las transformaciones arquitectónicas a lo largo de los siglos, y entender el contexto urbano y social del barrio de San Andrés en Córdoba.
Tabla de contenidos
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