La Época Emiral en Córdoba
Al-Andalus es el nombre que recibirá el territorio dominado políticamente por los musulmanes en la Península Ibérica desde que, en el año 711, se produjo la invasión comandada Musa Ibn Nusayr, y su lugarteniente Tariq Ibn Ziyad. El primero de ellos era el Walí –representante directo del califa omeya de Damasco en una provincia de un territorio sometido– en Ifriquiyya (Norte de África). Al-Andalus se convirtió en territorio dependiente de dicha provincia, y estaba gobernado por un Emir, a las órdenes del citado Walí. A partir del año 716, Córdoba (Qurtuba) se convirtió en la capital del emirato de Al-Andalus. Sin embargo, en el año 750 los omeyas fueron derrocados por los abbasíes y el único superviviente de la matanza, Abderramán al-Dahil «el emigrado» huyó y llegó al sur de España en el 756, instaurando un emirato omeya independiente del abbasí de Bagdad, que duró hasta el año 929.
El emirato omeya independiente
Abderramán I tenía 25 años cuando se proclamó emir (756-788). Se dedicó a consolidar su poder frente a los abassíes, además de comenzar la fabulosa Mezquita de Córdoba. Sus sucesores hicieron un esfuerzo por mantener el dominio sobre el territorio conquistado y la población hispana sometida. La dinastía continuó con el hijo de «el emigrado«, al-Hakam I (796-822), que tenía 26 años cuando accedió al trono; a éste le sucedió su hijo Hisham I (788-796) a la edad de 31 años.
Conflictos internos del emirato
En este periodo las principales dificultades del emirato no las proporcionaron los núcleos cristianos surgidos en el norte, sino las rivalidades internas: religiosas -con los cristianos que se habían convertido al Islam (muladíes); o con los mozárabes, es decir, los cristianos que vivían en Al-Andalus (episodio del «martirio voluntario», del año 850); étnicas –entre musulmanes árabes y beréberes–, y geográficas –entre yemeníes o árabes del Norte de la Península Arábiga y qaysíes o árabes del Sur. Muchas veces, estos conflictos obedecían a desigualdades socioeconómicas, pues los musulmanes que estaban en la cúspide del poder político tenían más privilegios sociales y pagaban menos impuestos que otros.
El siglo IX: crisis y expansión
Tras la represión de las revueltas interiores, el nuevo emir Abderramán II (822-852), que accedió al trono con 45 años, pudo reanudar la política ofensiva contra los reinos cristianos, e impulsar las obras de la Mezquita. Durante su mandato se produjeron las invasiones normandas de la Península –años 844 y 858– y comenzó el acercamiento de los omeyas cordobeses con el Imperio Bizantino, con el envío de una embajada en el año 840 (lo que permitió enriquecer la decoración de la Mezquita como tendremos ocasión de ver).
A Abderramán II le sucedió, con 23 años de edad, su hijo Muhammad I (852-886), quien trató de mantener la integridad territorial de Al-Andalus, realizando un total de 10 campañas contra el reino de Asturias y la parte oeste de la península. Pero la realización de una política expansiva exterior suele ser, como en este caso, indicio de una fuerte crisis interna del emirato. Así, la oleada de pestes y hambrunas sucedidas entre los años 865 y 874, propiciaron el reforzamiento de las revueltas.
El ascenso de Abderramán III
A Muhammad I le sucedieron sus dos hijos, tenidos con la esclava cristiana Ushur: al-Mundhir (886-888), de 42 años de edad, y Abd Allah (888-912), de 44. Abderramán III sucedió a la edad de 21 años a su abuelo, en el año 912, al ser asesinado el padre de éste por un tío suyo. Durante la primera etapa de su reinado, hasta que se proclamó califa en el año 929, y aún años después, Abderramán III se dedicó a someter las revueltas internas que cuestionaban su elección.
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Texto: Jesús Pijuán.
Preguntas frecuentes La Época Emiral en Córdoba
Al-Andalus es el nombre del territorio de la Península Ibérica gobernado por los musulmanes desde el año 711, tras la invasión liderada por Tariq Ibn Ziyad y Musa Ibn Nusayr. Inicialmente fue una provincia dependiente del Califato Omeya de Damasco, gobernada por un emir bajo las órdenes del walí de Ifriquiyya.
Córdoba se convirtió en la capital de Al-Andalus en el año 716, convirtiéndose en el centro político, religioso y cultural del nuevo emirato musulmán en la Península Ibérica.
Abderramán I, único superviviente de la matanza omeya en el año 750, llegó a Al-Andalus en el 756 y fundó un emirato independiente del califato abasí de Bagdad. Su llegada marcó el inicio de una dinastía omeya que consolidó el poder musulmán en la región.
El emirato omeya enfrentó múltiples conflictos internos de carácter religioso, étnico y geográfico: tensiones entre muladíes y mozárabes, enfrentamientos entre árabes y bereberes, y luchas entre distintas facciones árabes. Estas divisiones reflejaban también desigualdades sociales y fiscales.
Abderramán III accedió al poder en el año 912, tras años de inestabilidad. Durante los primeros años de su mandato se dedicó a sofocar rebeliones internas que cuestionaban su autoridad, hasta proclamarse califa en el año 929, consolidando así el poder omeya en Al-Andalus.
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