La imagen del Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas es una obra anónima del
siglo XVII, restaurada en 1950 por el reconocido artista cordobés Miguel del Moral.
El autor quiso representar a Cristo sorprendido por la muerte. De formas simples y a la vez expresivas, este arcaizante pero impactante Crucificado, falto de tensión debido a la relajación posmorte, gira la cabeza bruscamente hacia la derecha dejando caer su espesa melena de pelo natural. Melena que oculta un excepcional trabajo del cabello original, al igual que en el caso del velo que cubre el paño de pureza. El rostro es fiel relejo de lo sucedido, impasible, sereno, dormido. Su boca entreabierta, barba y bigote están muy trabajados. A los pies lleva la calavera y las dos tibias cruzadas símbolos de la muerte.
La Cruz es arbórea y es la original, lleva el Titulum en madera dorada enmarcado en una pequeña cartela. Del patíbulo, madero horizontal de la Cruz, cuelga el Velo de las Tinieblas, rememorando las tinieblas que se adueñaron de la tierra desde las 6
hasta las 9. En el velo pueden distinguirse las estrellas, el Sol en el lado derecho y la Luna en el izquierdo.
La imagen de Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas es, del mismo modo que en el caso anterior, una obra anónima del siglo XVII. Fue adquirida en Écija por la hermandad en 1975, mismo año en que Miguel Arjona se encargó de restaurarla.
Se trata de una imagen de busto que sólo tiene tallados rostro y manos. De su rostro, sobrecogido por el dolor, destaca el entrecejo fruncido y los labios entreabiertos.
Junto con el Cristo de Ánimas son las únicas imágenes que procesionan a ruedas en nuestra Semana Santa, siendo, además, del agrado de los cofrades cordobeses, puesto que su escenificación no contrasta en absoluto con la idiosincrasia de la cofradía.
Texto: J.A.S.C.