lejanas civilizaciones asentadas en la antigüedad, como pueden ser las culturas babilónica, egipcia, griega o romana. Entonces las casas ya se disponían, como es el caso que nos ocupa, en torno a un patio central, donde se desarrollaba la actividad familiar. Varias de estas civilizaciones trajeron a occidente su cultura, lenguaje... y, por supuesto su arquitectura. De esta forma llegó a Córdoba, como a muchos otros rincones de la Península Ibérica esta forma de construcción.
típicamente mediterránea, de exterior sencillo, y sin escalones (al menos no muchos), a la que se accedía desde un patio, con solería de mármol y fuente central. Los árabes mantuvieron esta tipología, aunque les añaden los “riat” (arriates) con flores y agua, que provenían del pozo o de la fuente. Y en la Edad Media continúa siendo el patio uno de los elementos más importantes en todas las construcciones, incluso en las religiosas.
parecido a las antiguas posadas. Muchas de estas casas eran antiguas casas de la aristocracia, que se modificaban levantando escaleras para acceder a la planta de arriba y haciendo habitaciones para todos los vecinos.
es, que le imprimen un colorido y aroma singulares. Además, suele destacar la presencia del típico pozo, en el centro o a un lado del patio, y la escalera que da acceso a las habitaciones superiores. En algunos casos incluso podemos encontrar naranjos o limoneros.
, al impulso del alcalde Don Antonio Cruz Conde, restaurándose, incluso, algunas de las casas afectadas durante el período bélico. Además, en el último tercio del siglo XX se ha dado un nuevo impulso al festival con la creación de la “Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses”, cuya finalidad es la de evitar que se pierda la tradición, ya que se ha ido produciendo el despoblamiento y un gradual envejecimiento de la población en el casco antiguo. Cierto es que la gran mayoría de los patios están situados en los barrios más antiguos de la ciudad: San Agustín, Santa Marina, San Lorenzo, Judería y San Basilio.
Texto: P.R.M.