Real Colegiata de San Hipólito
El monarca Alfonso XI hizo la promesa, en plena Batalla del Salado, que si obtenía la victoria, levantaría una Colegiata en honor a San Hipólito, en cuyo día, 13 de Agosto, había nacido en el año 1311. Ramírez de las Casas Deza nos narra que, por una cédula real dada en Alcalá de Henares el 25 de Enero de 1348, se mandó construir la iglesia. Un año antes, el Papa Clemente VI había dado plenos poderes al monarca para que nombrase un Prior y nueve canónigos, que se hicieran cargo de la colegiata.
Arquitectura medieval conservada
De la Colegiata de San Hipólito erigida por Alfonso XI sólo queda su cabecera y los brazos del crucero. Un gran arco toral apuntado da paso a la cabecera de la iglesia, que presenta una planta poligonal cubierta por bóveda de crucería gótica, compuesta de nervios decorados con dientes de sierra, que arrancan sobre capiteles góticos de hoja, y espinazo central. Los muros se hallan perforados por finos y elegantes vanos geminados cubiertos por arcos apuntados.
La iglesia barroca del siglo XVIII
En 1729 comenzaron las obras de la nueva iglesia, encabezadas por el arquitecto Juan de Aguilar. Se planteó una planta de cruz latina con una sola nave, del mismo ancho que la cabecera, y cubierta por una bóveda de cañón con lunetos. La portada presenta un arco de medio punto rebajado, cuyas enjutas están decoradas con motivos geométricos, al igual que las pilastras que los flanquean. Un segundo cuerpo tiene como base un frontón circular partido, en el que destaca una imagen en piedra del santo titular del templo en hornacina. El resto de la fachada, rematada por un frontón triangular, está decorada a base de finas y elegantes placas decorativas, elementos muy empleados en la Córdoba del momento, y que dieron lugar a la denominación del estilo barroco de placas cordobés.
La torre-campanario
En 1773 el Cabildo de la Colegiata de San Hipólito decidió destruir la antigua torre y, sobre la base de ésta, erigir una nueva. El maestro elegido para tal fin fue Don Pedro de Lara, quien proyectó una excelsa torre de cuatro cuerpos, de la que llegaron a construirse tan sólo dos, tal y como ha llegado a nuestros días. El primero de los cuerpos es un prisma rectangular de unos 15 metros de alto, sin más decoración que pequeños marcos vacíos en su interior, o las ménsulas que sostienen la cornisa que da paso al segundo cuerpo. Éste presenta tres pilastras lisas con capitel toscano en cada cara, entre las que se desarrollan dos vanos de medio punto, es decir, ocho huecos para ocho campanas en total. Sobre las pilastras se alza un entablamento de triglifos y metopas lisas, que sostiene la cornisa que remata el conjunto.
Enterramientos reales
Cuando muere el Rey Fernando IV en Jaén en el año 1312, se decide enterrarlo en Córdoba, ya que las altas temperaturas impedían realizar con garantías un traslado a Sevilla o Toledo, la capital. Años más tarde, concretamente en 1350, fallece su hijo Alfonso XI, fundador de la Colegiata, mientras sitiaba Gibraltar a causa de la peste. Sus restos fueron trasladados a la Capilla Real de Sevilla, donde descansaron hasta que, en 1371, fueron trasladados a Córdoba, año en que, precisamente, finalizaron los trabajos en la Capilla Real de la Catedral de Córdoba, por lo que los cuerpos de ambos monarcas se colocaron allí.
A comienzos del siglo XVIII, los canónigos de la Colegiata de San Hipólito solicitaron al Rey Felipe V que se uniesen las fundaciones de la Colegiata y la Capilla Real, con el fin de trasladar los restos de los reyes a la misma, como era voluntad de Alfonso XI. Felipe V accedió a las peticiones de los canónigos, y solicitó los permisos necesarios al Papa Benedicto XIII, trasladándose los cuerpos el 8 de Agosto de 1736.
Durante más de un siglo estuvieron los reyes en el presbiterio de la iglesia en simples ataúdes de madera, donde eran mostrados a los visitantes. Tuvo que ser la Comisión de Monumentos la que realizara, en 1846, los sepulcros actuales, de mármol rojo. En el lado del evangelio se encuentra el sepulcro de Alfonso XI, mientras que en el lado de la epístola está el de Fernando IV.
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Texto: J.A.S.C.
Preguntas frecuentes Real Colegiata de San Hipólito
La fundación de la Real Colegiata de San Hipólito fue resultado de una promesa del monarca Alfonso XI durante la Batalla del Salado, en la que, si obtenía la victoria, levantaría una colegiata en honor a San Hipólito, quien nació en el mismo día de la batalla, el 13 de agosto de 1311.
De la iglesia medieval erigida por Alfonso XI, solo se conservan la cabecera y los brazos del crucero, destacando una bóveda de crucería gótica con nervios decorados y arcos apuntados en los muros.
La iglesia barroca, iniciada en 1729, presenta una planta de cruz latina con una sola nave y bóveda de cañón. Su fachada está decorada con placas geométricas y rematada por un frontón triangular, característica del estilo barroco cordobés.
En 1773, se decidió destruir la antigua torre y construir una nueva, diseñada por Pedro de Lara. Sin embargo, solo se completaron dos de los cuatro cuerpos previstos, destacando por su elegante diseño y su estructura con pilastras y vanos para campanas.
En la Colegiata descansan los restos de los Reyes Fernando IV y Alfonso XI. Tras su traslado en 1736, fueron colocados en sepulcros de mármol rojo en el presbiterio de la iglesia, en el lado del evangelio y de la epístola respectivamente.
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